Boycott viene de Charles Boycott:

Me gusta Matisyahu. Bueno, me gustaba más cuando lo que nos importaba de él era que hiciera buena música y no sus declaraciones pro-Israel. Desgraciadamente, parece que tanto él como la gente sólo están atentos por lo segundo. De repente, el Matis, un tío que no se comía un colín en la Península (esto es así), ahora está en boca de todos. Todos los periódicos hablan de él, El Mundo lo elogia diciendo que “el Rototom perdía un gran artista”. Cualquiera que haya seguido un mínimo la carrera del viejo Matthew sólo puede llevarse las manos a la cabeza por su descenso hacia la comercialidad más blanda y la pérdida de toda la frescura que mostraba hace 10 años en el Live at Sttub’s. Pero esta semana hemos visto como de repente Matisyahu y el Rototom son lo más importante para medios como Libertad Digital o La Razón que, tirando de hemeroteca, ya podemos advertir lo mucho que le importaba este festival antes de que se produjera el boicot al cantante norteamericano.

Amigo Matthew Miller, habría que hacerte boicot sólo por este estribillo

Curioso, estos periódicos y sus afines, los que promueven y celebran que se les prohiba actuar a Muguruza, Los Chikos del Maíz, Berri Txarrak, Soziedad Alkoholika o Albert Plà por su ideología, guardianes de la libertad de expresión (esos que sólo aparecen cuando son musulmanes los asesinos de revistas satíricas) que acusan al Rototom de ser racista pero, vaya, vaya! Sólo se movilizan para defender a una persona por pertenecer a una etnia-religión. Quién está aquí moviéndose por cuestiones raciales?

Matis calificó de “espantoso y ofensivo” que el festival intentara “coaccionarle para que hiciera declaraciones políticas”. Pues no señor, lo horrible y ofensivo es tirar la piedra y esconder la mano. Lo horrible es formar parte de festivales que financian o son financiados por el terrorismo sionista o no mostrar ni la más mínima piedad cuando, después de decir que Palestina no existe, te piden que expongas tu posición acerca del genocidio planificado llevado a cabo por el sionismo desde los tiempos del Irgún y la Haganá (con el beneplácito de las potencias occidentales) y lo que otorgas es una evasiva. No te confundas, Matthew, no se te juzga por judío, se te juzga por decir lo que has dicho y no atreverte a afrontarlo escondiéndote con blandos argumentos sobre que tu música versa de “paz y amor”. La paz? Qué os folle un pez.

Y quiénes han salido a la palestra a criticar al Rototom y al estado español por antisemita tras anunciar la cancelación de su bolo? Manos Limpias, la embajada estadounidense y las asociaciones judías “internacionales” (qué como todo lo internacional, tienen sede bien en Suiza o EEUU. Internacional sí, pero del lado del dinero y el imperio, claro). Gente, no mezclemos churras con merinas, España es un país tradicionalmente antisemita, claro, recordemos que Franco (ese mismo que la mayor parte de los voceros que he citado anteriormente en el texto se negarían a condenar sin “pero” alguno) hablaba siempre de la disparatada “conspiración judeomasónica”. Pero éste episodio de boicot iniciado por BDS Valencia (que, por cierto, ya habían realizado otro más virulento el año pasado al grupo israelí Balkan Beat Box en el Íboga festival sin que nadie, excepto los asistentes al concierto, se alarmara ni saliera en su defensa) no tiene nada que ver con la procedencia étnica o religiosa, si no con declaraciones y acciones. Matisyahu, de hecho, ya había dejado clara su posición frente a Israel: defendía la existencia de este país. Y ello implicará, siempre, la defensa de unos valores que de verdad atentan contra los derechos humanos. Para que Israel exista, los palestinos han de seguir muriendo. No hay otro modo de ver las cosas. Desgraciadamente, el estado sionista, tal y como está montado, no acepta segundas lecturas. No acepta los tratados internacionales y lo podemos calificar de estado genocida con todas las de la ley.

Pero hay algo interesante en la débil defensa del amigo Matis. Preguntaba hace días: “A alguno de los demás artistas programados se les ha pedido que hagan una declaración política para poder actuar?”. O mejor expuesto aún en el ofensivisimo texto escrito por Alberto Moyano en El Diario Vasco que decía: “Someterse a las exigencias de los tiranuelos aprendices de Torquemada supone dar carta de naturaleza a la coacción al resto de los artistas judíos, que por lo visto deben pasar pruebas de ‘limpieza de sangre’ que a nadie más se le exige: ni a los músicos marroquíes, pese a la situación saharaui; ni a los rusos, pese a la situación chechena; ni a los grupos de tambores pastunes, pese a la indescriptible situación de la mujer en Afganistán. Del boicot a los músicos estadounidenses, mejor ni hablamos”. Con (un poco) menos de bilis se defendía también Filippo Giunta, el director del Sunsplash poco antes de rectificar y volver a incluir al cantante judío al cartel: “Esta “demócrata” asociación (BDS) que incita al boicot: se ha preguntado que piensan los Soja o Major Lazer o Shaggy (marine en la guerra del Golfo) o tantos otros rastas sobre el argumento? Me parece que no. Me parece que se escarnece contra Matisyahu solo porque es judío”.

Escarnece por qué es judío? En primer lugar, a BDS le preocupa bien poco eso (hay bastantes judíos militando en estas campañas de boicot), y en segundo lugar, le preocupa aún menos que Shaggy sea marine. Si no, se llamarían boicot ejército USA. Pero resulta que se llaman boicot Israel. Un detalle.

Ahora claro, la pelota está en nuestro tejado. El Rototom, que aparte de ser una empresa se identifica con unos valores morales y políticos como son los DDHH, no ha cedido a la presión del boicot y han reprogramado al Matis (veremos cuan lejos llega el culebrón). Pero también deberiamos pensar, como consumidores y espectadores: quéremos asistir a este tipo de conciertos? Dónde está la línea que separa lo boicoteable de lo meramente criticable? El boicot sirvió hace años, sin salirnos del mundillo del reggae, para que muchas estrellitas del dancehall tuvieran que desdecirse de declaraciones y canciones homófobas porque, básicamente, no les dejaban tocar fuera de Jamaica y perdían una enjundiosa pasta. Muchos, no obstante, han seguido cantando estas barbaridades cuando la gente mira hacia otro lado (o directamente, no sabe o no le interesa de que va el cuento en esto del “rigui”). Y es que claro, ideologizar todos los aspectos de nuestra vida, desde los afectos hasta el consumo, es complicado y nos lleva a contradicciones. Pero ignorar estos detalles es sencillamente repugnante.

Que el rastafarismo tiene mucho de retrógrado no es desconocido para aquellos que sí nos preocupamos por entender el mundo que nos ha tocado vivir. Desde el machista papá Bob Marley pasando por sus hijos Damian (“maldigo a la mujer que deja a sus hijos en casa para ir a bailarcanta) o Ziggy (que mucho “love is my religion” pero se negó a cancelar su concierto en Israel en el marco de otra campaña de boicot cultural, aduciendo que Israel y el Antiguo Testamento es importante para los rastas). No se merece esta gente nuestro desprecio? Morodo, homófobo declarado, va a participar en este edición del Rototom, sin ir más lejos…

Entonces, estariamos dispuestos a hacerle boicot, por ejemplo, a Loquillo o Los Planetas por cantar sobre feminicidios y maltrato, a Sting sobre un acosador, a Rammstein por ser antiabortistas o a Pablo Hassel por desearle la muerte a los Borbones? Hombre! Es cierto, que este último se ganó 2 añitos de cárcel por aquella canción…Y qué pasó cuando encarcelaron a Eskorbuto por injurias a la corona y la izquierda abertzale rechazó darles su apoyo allá en los 80?

Le pediremos explicaciones a Springsteen, REM o The National por apoyar a Obama, aquel que ya ha bombardeado más países que Bush? Y qué pasa con gente como Joy Division o, peor aún, Laibach (que por cierto serán el primer grupo occidental en actuar en Corea del Norte), que empleaban y descontextualizaban iconografía y estéticas totalitarias y ello les llevó a ser censurados en innumerables lugares? Recordáis a Siouxie portando un brazalete de las SS? Y que decir de Alice Cooper, Ted Nugent o Kiss, filofascistas declarados, amantes de las armas y favorables a la invasión de Irak declarada ilegal por la ONU? Y ya puestos, por qué hay tanto pseudopunki en el Viña Rock, patrocinado por Coca Cola (de la cual mejor no hablamos) o Negrita (cuyo imperio proviene del comercio catalán con Cuba y el trabajo esclavo que allí se daba) y nadie se plantea boicotearlo?

La gente se echa las manos a la cabeza diciendo que el boicot cultural es una animalada y que la libertad de expresión y todas esas cosas. Todos estos ejemplos aleatorios y que no tienen nada que ver entre si podrían dar para un debate amplísimo sobre los límites de la libertad artística, los contextos, los símbolos, los significantes y el significado. Desgraciadamente, la cantidad de argumentos de mierda vertidos últimamente me impiden oír el debate. De hecho, he tenido que rebuscar mucho para encontrar una declaración interesante en medio de tanto ruido. Proviene de Miguel Caamaño, director del programa radiofónico Alma de León, de Radio 3 que dijo que el hecho de que Matisyahu no se atreviera a pronunciarse contra la violencia israelí podría obedece a intereses económicos dado que entre sus seguidores “se encuentran muchos ortodoxos”. En el boicot a Matthew Miller y la posterior respuesta que han dado periódicos, lobbys y asociaciones no reside un tema ético, moral o artístico. Es puramente geoestratégico y económico. #Zionismwashing.

rototom boicot

“La siniestra y cobarde presión sobre el Rototom para que retire a Matisy…” OH WAIT!

Sí, la discusión aquí es la misma: los agentes que apoyan el sionismo jamás dejarían solos a sus cachorros. Matisyahu, no te juzgamos ni te boicoteamos por tu música. No lo hacemos por tu arte. Ni siquiera hemos contextualizado tus palabras, pues nunca lo hacemos, (por inconsciencia) ni contigo ni con el resto de productos culturales que consumimos día a día. No somos tan maduros ni analíticos. El problema aquí es claro: un estado y su ejército han matado miles de niños, bombardeado hospitales y escuelas, dejado sin hogar a decenas de miles ocupando territorios que no le pertenecen, todo esto sistemáticamente, y tu te has hecho el ofendido. Como el cuento aquel del #notallmen cada vez que muere una mujer a manos de un hombre.

Lo siento, amigo, no cuela… El boicot a tu actuación está perfectamente contextualizado en el momento en el que analizamos quién, cómo y de qué forma te han defendido. Matis, la has cagado por palabra (Palestina no existe, a la mierda la Flotilla de la Libertad, apoyo a Israel…), obra (actuaciones repetidas en favor del sionismo) y omisión (negarse a dar una respuesta cuando te lo han pedido). Si esto abrirá la puerta hacia nuevos debates acerca de la interrelación entre arte y política, compromiso y consumismo, o distintas estrategias de boicot hacia monstruos del tamaño del aquí presente (el sionismo) ya se verá…

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