Algiers, las negligencias y los espíritus

La Historia la escriben los vencedores, de ello no hay duda. Por suerte, los que una vez pudieron vencer una batalla hoy (o mañana) están (o estarán) muertos. Al tiempo, biológicamente hablando, no le vence nadie. Y el legado de los vencedores y como lo asimilamos es nuestra responsabilidad. Que tengamos que rendir cuentas a nuestra visión de la Historia y el papel que tomamos en ella es inevitable. Hay que trabajar, investigar y divulgar para saber si debemos vernos como vencedores, colaboradores, víctimas o verdugos. La Historia no es un ente estático, por tanto, es una creación colectiva, una creación que debemos cuidar. La Historia se construye con acciones y memoria, desde todos los frentes, por acción y por omisión. Todo es Historia. Eso lo saben muy bien, sobre todo, aquellos a los que se les ha negado la entrada en sus páginas.

Decía Sarkozy hace unos años que “Africa había perdido el tren para entrar en la Historia”, sin darse cuenta de que, ni todos las culturas ven la Historia como una línea recta y constante y, obviando además, que quienes robaron a los africanos y sus descendientes la capacidad de construir su propio destino fueron los mismos políticos y los mismos sistemas económicos de los que somos herederos. Desde la visión occidental, que peca completamente de supremacista, la Historia es una corriente de inevitable desarrollo que llevará inexorablemente a todos los pueblos a la situación en la que vivimos en Occidente (epítome de la civilización, el progreso y el buen rollo en general). Lo más elocuente que puedo escribir al respecto de este punto de vista es esto:

JAJAJAJAJA

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Progreso

1. Destroy Primitive Man, embrace Primitive Man

El domingo 25 de Octubre, en el seno del Primaver Club, tocaban por primera vez en la península el grupo de rock plurirracial de Atlanta conocido como Algiers. La expectación era máxima. A qué nos íbamos a enfrentar en directo después de escuchar su debut, tan jodidamente único en un mundo lleno de copias? Cómo iban a trasladar esos coros fantasmales de iglesia baptista de Georgia y mezclarlos con el ruido y la furia industrial? Una pregunta insistente, son Algiers dos blancos haciendo música de negros, o un negro haciendo música de blancos? Por qué, donde está la diferencia? De Kraftwerk, los maquinales alemanes pioneros de la electrónica, decían sus admiradores de Chicago (cuna del techno) que tenían alma de negros por sus beats repetitivos y con alma soul. No es todo el rock n roll, acaso, un proyecto de apropiación cultural blanco? No es la psicodelia la banalización de los ragas hindúes? No les daría eso derecho a “robarnos” nuestra tradición musical “occidental”? En la historia musical del s. XX los negros se movían siempre un paso por delante: crearon el rock y, cuando se popularizó, ya estaban a otra cosa. En los 70, el dub, el disco, el hiphop. La música negra ha sido siempre popular, y esa potencia más allá del circuito oficialista, de sus objetivos económicos y la búsqueda de la fama, ha sido lo que la ha hecho innovadora.

Al fin y al cabo, tradición occidental o blanca? Qué significado tiene eso? La escritura, el papel, la imprenta, el número cero, la pasta, el papel moneda, la pólvora o la brújula, muchos de los inventos más radicales de lo que llamamos nuestra Historia, provienen de China o India. Nuestra civilización nació entre el Tigris, el Eúfrates y el norte de África. Nuestra religión en Jordania. Podemos emblanquecerlos, negar que tuvieron que venir los árabes a recordarnos la filosofía griega destruída por los católicos. Pero no podemos obviar lo obvio: lo que hoy llamamos Europa fue durante la mayor parte de la Historia “el hombre primitivo”, en términos de nuestro propio lenguaje histórico meritocrático y tecnofílico. En qué momento y con qué derecho nos hemos creído los Europeos destinados a tomar (por la fuerza) todo aquello que nacía y florecía en el resto de culturas del globo?

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Un pequeño apunte sin importancia

2. So my history is over, all my blood is in vain

Y después de 400 años de esclavitud, miramos a aquellos a los que hemos saqueado y les decimos, “sed emprendedores. Quedaos en vuestros hogares y construid riqueza, como nosotros hemos hecho”. Mientras, al mismo tiempo, allanamos su morada y les quitamos sus recursos imponiéndoles nuestras condiciones de negocio.

Allanamiento es una palabra que Algiers emplea para definir su música. No pueden encajarse en ninguna etiqueta. Nacieron en Atlanta, pero ninguno vivía allí ya cuando la banda se creó. Ahora viven entre dos continentes. No cuentan con una escena que les respalde. Se dedican a allanar distintos lugares (tresspasing es la figura jurídica que emplean), estereotipos y sonidos, y toman lo que consideran les pertenece como a cualquiera. “Creamos la banda como una forma de dar sentido a nuestra visión política”, argumentan.

Huntington hablaba del choque de civilizaciones, visiones esenciales destinadas a enfrentarse sin remedio en un mundo de posibilidades finitas. Fukuyama decía que se acababa la Historia como tal, que habíamos llegado al estadio último de progreso (el occidental) que no tenía parangón con ningún otro en el planeta. Algiers demuestran, con su simple existencia, hasta que punto los lenguajes civilizatorios son mucho más complejos que lo que darwinistas sociales de tal calado puedan argumentar. Revientan todos los lugares comunes y esferas de confort del progre medio: espiritualidad torcida frente al ateísmo elitista y huidizo, reivindicación histórica del colonialismo como verdadero eje de la lucha de clases, apropiación de un discurso típicamente blanco de música maquinal e introspectiva (el postpunk, lo industrial) a la cual añaden toda la carga dramática del gospel (la raíz de toda música estadounidense, dicen).

Algiers son un grupo más posmoderno que el posmodernismo. No hemos visto desde los 60 a muchos negros haciendo rocanrol, ni mucho menos heavy metal o indie pop. Algiers fagocitan lo que se supone les es una tradición ajena y la vuelven propia con indisimulado sarcasmo. Pero sobre todo lanzan un mensaje urgente que nace desde su extraña pero pegadiza música: Queda mucho por hacer, y lo vamos a hacer nosotros.

Empoderamiento

3. Find your favorite color so you can wash it out in your hymns

Algiers se muestran como sujeto colonizado pero no colonizable. Enuncian sus postulados desde aquel que ha adquirido conciencia de su situación. Pero no simple conciencia de clase, van más allá.

No se trata del conflicto proletario-patrón. Son auténticamente transversales. Su página web es un sinfín de referencias que van desde Einsturzende Neubaten hasta Thomas Shankara, de George A. Romero a Bikini Kill. En sus canciones hay sitio para pobres, esclavos, mujeres, disidentes, eunucos, desheredados en general.

Toman posición, más denunciante que beligerante. Reivindican su situación, pero no se victimizan. En vez de ello, se dedican a triturar todos esos ídolos pop haciendo esa imaginería igualmente suya, reinterpretándolo desde la posición de aquel que no puede hacer menos que defenderse, porque las hostias le vienen por todos lados. Gritan a la alienación social pero no desde el grito desesperado del que no comprende por qué todo está jodido, como podían hacer Radiohead. Saben el porqué de su situación, y, aunque hablan desde esa voz, no defienden con orgullo el lugar subalterno del dominado, sino que se empoderan saqueando a todos aquellos que les robaron el pasado. Señalan a todos aquellos hipócritas que lavan su conciencia en caridad y perdón y no ironizan por gratuidad, si no como arma arrojadiza hacia el opresor. Pero no hay sólo intelectualismo y análsis, hay pasión. Porque hay sufrimiento, y hay gospel. Y hay sangre. Y muerte. Mucha, como no podía ser de otro modo.

Lo que no había el día del concierto era otro público que no fueran blancos, educados en su mayoría, público potencial de un festival como el Primavera que poco le importa la unidad entre pueblos o el respeto cultural, por mucho que pudieran venderse como algo multuculti.

Irony, utility, pretext, que dirían los atlanteños. Algiers no dejan de ser el grano en el culo, fácilmente vendibles por la prensa cool, pero tremendamente incómodos a la hora de aproximarse a ellos. Porque, para cualquiera que se emocione con música y mensaje, Algiers tienen uno muy claro, que nos invita a hacernos responsables de una Historia que, aunque hemos intentado invisibilizar y borrar, ha ido dejando sus recuerdos y sus fantasmas, los cuales, como su música, nos señalan y atormentan

Algiers_Live_London_2015

“there’s a brand new show
For you to watch today
So all the Western eyes
Can look the other way

We’re your careless mistakes
We’re the spirits you raised
We are what remains…”

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