La Pregunta es: ¿Para qué sirves tu? (Black Mirror: The Waldo Moment)

waldobelieve

Me sorprende ingratamente ver que éste es el episodio, con mucho, peor valorado de toda la segunda temporada de Black Mirror (Charlie Brooker, 2013) cuando, al contrario que el anterior, Oso Blanco, que centraba todo su potencial crítico en la sorpresa final, o el que abre esa temporada, Ahora Mismo Vuelvo, que es mucho más reducido en su temática (sin desmerecer ninguno de estos, conste), El Momento Waldo, como el personaje que retrata, dispara sus dardos cual metralleta girando 360 grados sobre si misma. Lejos de aprovechar que el capítulo proporciona diferentes lecturas para que cada uno se quedara con su preferida, la crítica parece haberlo despreciado por simple e inverosímil (anda que el primer ministro inglés follando un cerdo es creíble y todo… desde cuando la ciencia-ficción debe ser creíble en sus intenciones y no en únicamente en sus reflexiones…?)

Y yo que me alegré de que por fin Black Mirror volviera al ámbito al que pertenece: el análisis sociológico y la construcción de la sociedad afectada por los medios de comunicación (y no drama existencial científico o terror esquizoide, aunque sea genial esta diversidad temática).

No puedo evitar comparar Waldo a campañas políticas como la de Hunter S. Thompson o Jello Biafra, o incluso algunas un poco más infames que han sucedido a las puertas de nuestros hogares y seguro más de uno recordará por lo absurdas que resultaban. O la campaña de UPyD, en su defecto, que no deja de ser un chiste y un juego del desprestigio del otro yel espectáculo (actores haciendo política…y hace poco nos reíamos de los yankees…). Pero hay algo diferente en Waldo: la Nada. El Vacío. Todas esas campañas que antes mencione estaban apoyando algo, tenían un porque detrás, “but, what do you stand for Waldo?”
El sufrido prota en ningún momento quiere verse envuelto en todo en lo que acaba: “yo no soy político”, repite una y otra vez, negando lo inevitable. Todos acabamos arrastrados por el juego de la política. Todos ponemos las reglas de ese juego y es responsabilidad nuestra aceptarla.

Efectivamente, es terrorífico que algo como Waldo triunfe, como alguien insinúa durante el episodio. Waldo es el último clavo en el atáud de la política. La gente ya no está interesada en la realidad. Quiere el espectáculo, la mofa, los chistes de pollas, la humillación. Todo parapetado bajo el escudo de un oso azul. Un jodido oso azul.

Pero, acaso los políticos no han entrado desde hace tiempo de lleno en la Sociedad el Espectáculo? Acaso no se esconden ellos bajo la capa del personaje público, respetado, acaso no tienen su propio disfraz formado por traje y corbata asesorado por un equipo de 20 personas pagadas con dinero público? Acaso las campañas políticas no responden a la lógica de la humillación y el desprestigio del contrario? Acaso los programas electorales no son puro puro teatro y pantomima para entretener al personal con mentiras que en el fondo…no buscan lo mismo que Waldo?

Y que busca Waldo?

La Audiencia.
El Dinero.
El Poder.

Lo que pasa cuando delegamos nuestras responsabilidades políticas, lo que pasa cuando no nos compremetemos con algo, cuando abandonamos los ideales, cuando nos dejamos embaucar por el circo y el espectáculo, lo que pasa es esto…

waldo

El candidato de mentira Albert Riv…perdón! Waldo el Oso

…un puto oso de peluche azul domina el mundo. La metáfora es tan ridícula que da en el clavo. Somos gilipollas. Somos audiencia, no somos ciudadanos; somos pacientes, no trabajadores , somos espectadores, no actores. Somos esclavos del vacío.
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